GESTION DIRECTA Y DEMOCRATICA DE LA CLASE TRABAJADORA EN LAS EMPRESAS BASICAS

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GESTION DIRECTA Y DEMOCRATICA DE LA CLASE TRABAJADORA EN LAS EMPRESAS BASICAS

Mensaje  robertcandanguero el Mar Feb 19, 2013 6:13 pm

Control Obrero: desafío en la Revolución Bolivariana
Carlos Carcione
Investigador del Centro Internacional Miranda

Introducción
En mayo de 2005 el presidente Hugo Chávez declaró que la Revolución Bolivariana había tomado rumbo al Socialismo del Siglo XXI. Un modelo en construcción, dijo entonces. Es todavía una categoría que está en discusión. El punto en común desde el que parten todos los debates es la diferenciación con las experiencias del llamado “Socialismo Real” del Siglo XX, aunque en realidad las conclusiones a las que se arriban son distintas y estas diferencias se manifiestan también en la lucha por la transición al socialismo.
Los altercados en relación a la diferenciación entre el Socialismo del Siglo XXI y el Socialismo Soviético o mejor dicho el distorsionado modelo estalinista, se dan en tres terrenos fundamentales:
A) En el de la Propiedad de los Medios de Producción. Y la Planificación Económica central.
B) En el del Régimen Político, y como debe ser la Participación Democrática del la Clase Obrera incluyendo la transformación de las relaciones sociales de producción, y en el pueblo.
C) En el Estado y su carácter de clase y la defensa y profundización de la Revolución Bolivariana.
Este trabajo está centrado, fundamentalmente, en las experiencias de protagonismo, según nuestro punto de vista, de democracia obrera, que se vienen desarrollando al interior del Proceso de la Revolución Bolivariana. Pero no podría estudiarse este aspecto sin tener en cuenta como se cruza, como se combina de manera desigual, con los otros dos. Es que de esta manera se está dando en la vida misma. Y la teoría que no tiene en cuenta la propia vida, no sólo será gris cómo señalaba Hegel, sino inútil. Por eso veremos cómo influyen en estas experiencias de democracia de los trabajadores y trabajadoras, la propiedad de los medios de producción y las relaciones de producción que de ellas se desprenden. Mientras que por otro lado señalaremos el entrecruzamiento que tiene este aspecto con el actual Estado Burgués, específico de la Venezuela Bolivariana, y la necesidad de profundizar los cambios en la política de defensa de la revolución, una política que también debe ser asumida como parte de la participación directa obrera y popular.
Aún cuando las experiencias en las que nos apoyamos son relativamente recientes y ocupan una parcialidad de la economía del país, es decir, el ámbito de las llamadas Empresas Socialistas o Empresas de Producción Social (establecimientos relativamente medianos o pequeños), las Industrias Básicas de propiedad estatal y la Corporación Eléctrica. Estas últimas, las industrias Básicas y el sector Eléctrico, tienen un peso específico en la economía nacional de carácter estratégico para llevar adelante un verdadero plan nacional de desarrollo, que aún a pesar del intento del Plan Simón Bolívar no se ha desarrollado.
Así mismo estás experiencias que se iniciaron y luego fueron frenadas para volver al régimen normal de gestión-gerenciamiento piramidal capitalista, han vuelto a la escena con un capital acumulado en la práctica de la participación democrática de los trabajadores y trabajadoras, que ya se ha integrado a la conciencia y al conocimiento colectivo de esos mismos protagonistas.
Así fue como entre mediados del año 2009 y abril-mayo de este 2010 se han relanzado el Control y la Gestión Obrera, a partir del llamado “Plan Guayana Socialista 2009-2019”. Y la decisión acordada en las mesas de trabajo del sector eléctrico, en el que los trabajadores fueron los actores fundamentales de un nuevo proceso de Control y Gestión en medio de una crisis sin antecedentes del sector eléctrico. Se retomaba un ejercicio de democratización, ejercido directamente por los trabajadores de esas empresas. Y se lo hace contando con ese capital humano acumulado. Y con otras herramientas que ayudan a desarrollar ese capital, como por ejemplo la Universidad Bolivariana de los Trabajadores “Jesús Rivero” y otros centros de estudios e investigación.
El aporte que pretendemos hacer con este articulo es demostrar que, en el marco de la vieja democracia representativa asentada en un bipartidismo obsoleto y cuestionado a nivel mundial, y del propio Estado Burgués, no es posible desarrollar una participación creativa de la población, ya que el poder político, la planificación y el gerenciamiento quedan en manos de una tecnocracia que responde a esos intereses políticos y económicos. Así mismo es imposible que estás experiencias sean realmente democráticas, desde el punto de vista marxista, si no se desarrolla una dura lucha de clases que llegue a afectar a la propiedad misma de los medios de producción que se pretenden controlar.
El régimen de democracia obrera está dando sus primeros pasos en la Revolución Bolivariana, y ya muestra la vitalidad suficiente para afirmar que, aún de no imponerse a todos los ámbitos de la producción, la vida cultural, social y política del país, aún fracasando en instalarse como régimen de un nuevo Estado, por los durísimos obstáculos que enfrenta en desigualdad de condiciones, aún siendo derrotada será, de todas formas, un experimento colosal de aprendizaje de varias generaciones de trabajadores y trabajadoras e integrantes de las comunidades en la batalla de fondo: Reemplazar el actual Estado Burgués, por un nuevo Estado de transición al socialismo, que no repita los errores fatales de la experiencia del socialismo soviético estalinista. Y que desarrolle la más importante de las fuerzas productivas, la que es necesaria para realizar el enorme sueño de terminar con las guerras, las hambrunas, el genocidio y la exterminación del propio planeta, con el que el capitalismo actual en su fase imperialista acosa a la humanidad: el hombre.

1.- Control y Gestión Obreras, democracia obrera, producción y Estado. Teoría y Antecedentes

Entre el 8 o 9 de noviembre de 1917, dos días después del Asalto al Palacio de Invierno, instalándose la primera revolución obrera triunfante, El Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, propone al Soviet un proyecto de decreto sobre control obrero. La propuesta era reclamada por los trabajadores para enfrentar las condiciones de terrible explotación a la que eran sometidos por los patronos. Este decreto fue debatido y modificado en aspectos de su redacción por el Congreso de los Soviet y luego aprobado. No estaba dirigido a cambiar la propiedad de los medios de producción, pero sin embargo desencadenó un proceso de resistencia de la burguesía imperialista que llevó a la expropiación de la gran industria.
Apenas unos meses después de publicado el decreto, en enero de 1918, se desató un lock out patronal que obligó a la confiscación de las principales empresas. Para ese momento Rusia se debatía en un enorme agotamiento producto de su participación en la Iª Guerra Mundial, las duras condiciones de aislamiento, Guerra Civil que pronto se abatieron sobre el país y la desorganización económica que estos hechos provocaron. En este marco el decreto fue dejado de lado y no volvió a aplicarse. Sin embargo es de una gran importancia conocerlo, ya que es una de las herramientas con las que contamos los revolucionarios para derrotar una de las bases materiales del poder del imperialismo y la burguesía: el secreto productivo, comercial y bancario. Es también el primer intento de un gobierno revolucionario para imponer una participación democrática de la clase obrera. Reproducimos íntegramente la propuesta de Lenin.
Proyecto de decreto sobre el control obrero
1. Queda establecido el control obrero sobre la producción, conservación y compraventa de todos los productos y materias primas en todas las empresas industriales, comerciales, bancarias, agrícolas, etc., que cuenten con cinco obreros y empleados (en conjunto), por lo menos, o cuyo giro anual no sea inferior a 10.000 rublos.
2. Ejercerán el control obrero todos los obreros y empleados de la empresa, ya directamente, si la empresa es tan pequeña que lo hace posible, ya por medio de sus representantes, cuya elección tendrá lugar inmediatamente en asambleas generales, debiendo levantarse actas de la elección y ser comunicados los nombres de los elegidos al gobierno y a los Soviets locales de diputados obreros, y campesinos.
3. Queda absolutamente prohibida la interrupción del trabajo de una empresa o industria de importancia nacional (véase § 7), así como la modificación de su funcionamiento, sin autorización de los representantes elegidos por los obreros y empleados.
4. Todos los libros de contabilidad y documentos, sin excepción, así como todos los almacenes y depósitos de materiales, herramientas y productos, sin excepción alguna, deben estar abiertos a los representantes elegidos por los obreros y empleados.
5. Las decisiones de los representantes elegidos por los obreros y empleados son obligatorias para los propietarios de las empresas y no pueden ser anuladas más que por los sindicatos y sus congresos.
6. En todas las empresas de importancia nacional, todos los propietarios y todos los representantes elegidos por los obreros y empleados para ejercer el control obrero responden ante el Estado del riguroso mantenimiento del orden, de la disciplina y de la protección de los bienes. Los culpables de incuria, de ocultación de stocks, balances, etc., serán castigados con la confiscación de todos sus bienes y con penas de reclusión que pueden llegar a cinco anos.
7. Se declaran empresas de importancia nacional todas las que trabajan para la defensa o están relacionadas de algún modo con la producción de artículos necesarios para la subsistencia de las masas de la población.
8. Los Soviets locales de diputados obreros, las conferencias de comités de fábrica y las de comités de empleados dictarán, en asambleas generales de sus representantes, reglas más detalladas de control obrero.
Por su parte Antonio Gramsci Escribía en L’ Ordine Nuovo de 1919 un texto sobre los Consejos de Fábrica de Turín, y el concepto de Democracia Obrera, ahora bajo un Estado Capitalista.
“El Estado socialista existe ya potencialmente en las instituciones de vida social características de la clase obrera explotada. Relacionar esos institutos entre ellos, coordinarlos y subordinarlos en una jerarquía de competencias y de poderes, concentrarlos intensamente, aun respetando las necesarias autonomías y articulaciones, significa crear ya desde ahora una verdadera y propia democracia obrera en contraposición eficiente y activa con el Estado burgués, preparada ya desde ahora para sustituir al Estado burgués en todas sus funciones esenciales de gestión y de dominio del patrimonio nacional...”Antonio Gramsci, Palmiro Togliatti (Democracia Obrera, L’ Ordine Nuovo, 21/6/1919)
Ambas posiciones no están relacionadas directamente con la Gestión de las empresas nacionalizadas ni expropiadas, y tampoco tocan uno de los temas centrales de la transición al socialismo, como por ejemplo las transformaciones de las relaciones sociales de producción en el camino de un nuevo régimen social que elimine la alienante división del trabajo.
Ellos apuntaban a la creación de un régimen político de gobierno con el cual empezar a construir una nueva democracia de la clase obrera para que se hiciera cargo del nuevo Estado de transición que habría de construirse. Y consolidar de esta manera el carácter de clase del mismo, teniendo como norte la democracia obrera.
En el caso de Lenin es evidente que lo hace frente a la decisión de no expropiar los medios de producción, asentado en el bajo desarrollo técnico cultural de la clase obrera rusa y el atraso de la industria y como una herramienta para evitar el sabotaje y la especulación en un momento de aguda crisis. Y sobre todo en la visión que compartía con Trotsky de la inminencia de la revolución alemana y de su triunfo, lo que según creían, planteaba la posibilidad de dar un salto en el desarrollo de las propias fuerzas productivas rusas.
La revolución alemana llegó, pero fue derrotada. La dinámica de los acontecimientos obligó al gobierno revolucionario a la confiscación de las empresas, cuando sus dueños en un intento por derrocar el gobierno cerraron sus puertas. Al mismo tiempo se declaró el comunismo de guerra para hacerle frente a la guerra civil impulsada por el imperialismo mundial en contra de la Revolución de Octubre. Cualquier comparación del papel de la burguesía y el imperialismo en el golpe de estado de 2002 y el paro sabotaje petrolero de 2002, 2003 en Venezuela es apropiada.
Por su parte Gramsci y Togliatti, hacen hincapié en la existencia de instituciones de poder obrero que avancen en un ejercicio de gobierno y se preparen para suplantar al Estado Burgués, pero son categóricos en el aspecto democrático. Lo hacen estudiando y participando de la enorme huelga de los obreros de Turín y en el papel traidor que jugaron frente a ese hecho extraordinario tanto las direcciones centrales de los sindicatos como la dirección del PSI, que luego se convertiría en Partido Comunista.
Más tarde Antón Pannekoek que en su tiempo había comenzado una polémica de ruptura con el leninismo, desarrolla en “Les Conseils Ouvriers” 1969), la siguiente definición:
“La lucha de la clase revolucionaria del proletariado contra la burguesía y sus órganos es inseparable del control de los trabajadores sobre el aparato de producción y de su extensión al producto social, por lo que la forma organizativa que une a la clase en su lucha constituye, simultáneamente, la forma de organización del nuevo proceso de producción”. (Citado por Carlos Lanz Rodríguez en Consejos de Fábrica y Construcción Socialista, Antecedentes teóricos e históricos de un debate inconcluso, Febrero de 2007, Primera Edición)
El debate venía avanzando mucho desde antes de Pannekoek. Ya León Trotsky muchos años antes en una respuesta a un grupo de oposicionistas de izquierda (corriente anti estalinista de los partidos comunistas), publica en el nº 24 de BIULLETEN OPPOSITSII de setiembre de 1931 en un texto que toma diversos ángulos, aunque todavía hablando de patronos privados, decía por ejemplo:
“Los obreros no necesitan el control para fines platónicos, sino para ejercer una influencia práctica sobre la producción y sobre las operaciones comerciales de los patronos. Sin embargo, esto no se podrá alcanzar a menos que el control, de una forma u otra, dentro de ciertos límites, se transformen en gestión directa. En forma desarrollada, el control implica, por consiguiente, una especie de doble poder económico en las fábricas, la banca, las empresas comerciales, etc.”
Más adelante Trotsky hace un alerta:
“Si la participación de los trabajadores en la gestión de la producción ha de ser duradera, estable, “normal”, deberá apoyarse en la colaboración y no en la lucha de clases. Tal colaboración de clases solamente puede llevarse a cabo a través de los estratos superiores de los sindicatos y las asociaciones capitalistas. No han faltado los experimentos de este tipo en Alemania (la democracia económica), en Inglaterra (el “Mondismo”), etcétera. No obstante, en todos estos casos, no se trataba del control de los obreros sobre el capital, sino de la subordinación de la burocracia del trabajo al capital. Esta subordinación, como nos muestra la experiencia, puede durar mucho tiempo: depende de la paciencia del proletariado.”
Y entonces Trotsky vuelve sobre el tema de la producción y sus perspectivas.
“Cuando más se aproxima a la producción, a la fábrica, al taller, menos viable resulta un régimen de este tipo (de colaboración entre el trabajo y el capital, nota del autor), porque aquí se trata ya de los intereses inmediatos y vitales de los trabajadores y todo el proceso se despliega ante sus mismos ojos. El control obrero a través de los consejos de fábrica sólo es concebible sobre la base de una aguda lucha de clases, no sobre la base de la colaboración. Pero esto significa en realidad la dualidad de poder en las empresas, en los trust, en todas las ramas de la industria, en la totalidad de la economía.”
En el trabajo de Pannekoek citado anteriormente este señala, coincidiendo de hecho con Trotsky en relación a la lucha de clases:
“Cuando los obreros se apoderen de las fábricas para organizar el trabajo surgirá ante ellos una inmensidad de problemas nuevos y difíciles. Pero también dispondrán de una inmensidad de nuevos poderes. Un nuevo sistema de producción nunca es una estructura artificial que se implante a voluntad. Surge como un proceso irresistible de la naturaleza, como una convulsión que conmueve a la sociedad en sus más profundas entrañas. Evocando las fuerzas y pasiones más poderosas del hombre. Es el resultado de una lucha de clases tenaz y probablemente larga. Las fuerzas requeridas para la construcción sólo pueden desarrollarse y crecer plenamente en esta lucha.”
Para no seguir abrumando con antecedentes y definiciones ni con las relaciones de viabilidad y las diferentes formas de control y gestión o cogestión sin control (según como sean los actores involucrados), distintas formas para que los trabajadores y trabajadoras tengan la oportunidad de desarrollar una participación democrática, iremos directamente a la síntesis teórica que se utilizó en el primer experimento de Control Obrero en una de las Industrias Básicas del Estado Bolívar, ALCASA, productora de aluminio.
Carlos Lanz Rodríguez, presidente de esa empresa al momento de intentarse la primera experiencia de control obrero en una de las Industrias Básicas, propone conclusiones surgidas del estudio y las presenta como una guía didáctica para la lectura de los textos utilizados para la elaboración de estas conclusiones. Ellas son:
1. Existe una tensión dialéctica entre sindicato y consejo obrero, la cual suscita fuertes enfrentamientos y divergencias entre quienes ven este nexo como antagónico.
2. El Consejo de Fábrica es la célula orgánica del Estado socialista, pero no puede ejercer esta función sin articularse con lo social – territorial, leyéndolo en nuestro contexto quiere decir que no se puede separar de los Consejos Comunales y más particularmente de nuestra propuesta de YANAMA-CUMBÉ.
3. El Consejo de Fábrica no es un apéndice del partido, como frente de masa, sino que debe preservar su autonomía.
4. Igualmente, no puede reducir su tarea al espectro corporativo-economicista, sino que debe asumir tareas político-culturales. De igual manera, no sólo puede remitirse a los aspectos productivos, sino también abordar la distribución y el consumo.
5. El consejo de fábrica no puede quedarse aislado a nivel de fábrica en el ámbito local, sino que debe ampliar su radio de acción hacia el conjunto de la sociedad desde lo local-regional hacia lo nacional-Internacional.
6. El Consejo de Fábrica está inserto en una determinada alianza de clase que corresponde al bloque histórico, es decir se extiende desde los trabajadores del campo y la ciudad, pasando por el campesinado, capas medias, nuevos movimientos sociales, hasta incluir la diversidad étnica.
7. El Consejo de Fábrica al inscribirse en la perspectiva del cambio de las relaciones de producción con un claro contenido anti-capitalista, supera las diversas expresiones de capitalismo de Estado y de las nacionalizaciones del aparato productivo.
La superación de la democracia formal, representativa, es decir la democracia de la época del capitalismo librecambista, adquiere en el terreno del movimiento obrero una cualidad estructural de la sociedad. La participación democrática de los trabajadores y trabajadoras expresada a nivel de los medios de producción, distribución y cambio, plantea un nuevo tipo de Estado y de funcionamiento global del régimen político. Ya sea en empresas de propiedad privada, mixta, estatal o comunitaria, no es un proceso de conciliación o colaboración, es un proceso en el que disputan intereses antagónicos irreconciliables. El avance que veremos se está dando en la Revolución Bolivariana, en este aspecto, no escapa a esta lógica. La lógica de encontrar los caminos para iniciar la transición al socialismo a un socialismo verdaderamente democrático. Cuyo Estado Burgués debe ser demolido para construir uno nuevo que cambie su carácter de clase, tenga un componente central de democracia obrera.
2.- Un nuevo avance en la lucha por la democracia participativa: el Control y la Gestión Obreras en sectores estratégicos.
Las experiencias Control Obrero, iniciadas, para decirlo de alguna manera, desde arriba, en frío, por el Gobierno de la Revolución Bolivariana, fueron retrotraídas en los sectores fundamentales en los que se estaban experimentando. El criterio que se impuso no fue evaluar los avances que en esas empresas se habían obtenido. Por el contrario, se midió ese proceso con el rasero de la eficiencia capitalista.
Por lo tanto no se tuvo en cuenta y se dejaron de ver y evaluar los enormes avances en diagnóstico, detección de problemas y pasos en la construcción de una nueva eficiencia que habían tenido sectores de las empresas eléctricas. La crisis eléctrica posterior demostró que el trabajo que estaban haciendo los trabajadores era acertado.
Tampoco tuvieron en cuenta los avances de participación democrática y en recuperación de la empresa ALCASA que se estaban produciendo.
Se las comparó con PDVSA, la empresa petrolera estatal, y se instaló un discurso de que ningún sector estratégico de la economía podía ser controlado por los trabajadores de manera democrática, cuando en realidad debería ser todo lo contrario. Esa fue una prerrogativa asumida por los ministros y gerentes de la empresa. Y el presidente Chávez volviendo hacia atrás su decisión anterior, argumentando problemas de seguridad de Estado, decidió volver al viejo esquema gerencial capitalista. El capitalismo de Estado, bajo un Estado Burgués que aunque debilitado se resiste a desaparecer, habían ganado una batalla de las más importantes a través del nuevo sector que lo hegemoniza: la burocracia “roja rojita”.
Pero una conjunción de tres hechos volvió a plantear el tema de la lucha por la participación democrática de los trabajadores y trabajadoras, tanto de las Industrias Básicas como del sector eléctrico y a abrir una nueva oportunidad para su experimentación.
a) La lucha obrera y del pueblo de Guayana por la Nacionalización de SIDOR
b) La crisis del sector eléctrico y la lucha por el Contrato Colectivo Único.
c) La crisis internacional del capital.
La lucha de los trabajadores sidoristas y del pueblo de Guayana tiene muchos ángulos para su estudio y aprovechamiento. Uno es la constancia, la unidad, la claridad sobre los reclamos que debían hacer. También el esfuerzo hasta conquistar sus objetivos que, desde el principio, incluían la nacionalización de la empresa y el Control Obrero.
Sin embargo en este trabajo queremos reflejar el aspecto de la participación democrática de los trabajadores en las decisiones de la lucha y en la perspectiva de democratizar la producción y el control. Esta participación también forma parte los avances que se han dado gracias al proceso de la revolución bolivariana en la democratización de muchos de los espacios sindicales.
En el número 1 de la revista Comuna, pensamiento crítico en la revolución (Edición coordinada por Luis Bonilla Molina y José Carlos Carcione) podemos encontrar diversos artículos sobre este proceso que llevó a la nacionalización de SIDOR. En el artículo titulado “Algunas conclusiones del triunfo”, en el subtítulo “La importancia de la democracia obrera”, Stalin Pérez Borges coordinador nacional de la Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela, UNETE, y que siguió muy de cerca la lucha dice:
“Es sabido que Alianza Sindical y Unidad Matancera, las dos corrientes más importantes al interior del movimiento sindical Sidoristas, tienen importantes diferencias. Todos saben que José Meléndez y José Acarigua tienen grandes diferencias. Alianza Sindical estuvo desde el principio de esta lucha por recuperar SIDOR, y el compañero Acarigua que felizmente hoy festeja la nacionalización, no estuvo convencido hasta que la nacionalización fue un hecho.
Pero esas diferencias se encaminaron en las asambleas. Haber impuesto el método de la asamblea fue una garantía de unidad. Haber dividido a los trabajadores hubiera sido un crimen.
Y esto se pudo evitar porque se logró que los dirigentes se subordinaran a la decisión de los trabajadores y trabajadoras. Esta lucha mostró una gran participación protagónica de los trabajadores en la conducción de su propio destino. Y fue porque se logró eso que se fortaleció la unidad de los Sidoristas. Sólo fue posible porque ninguna medida, ningún acuerdo, ninguna propuesta fue aceptada sin que se realizara asamblea y lo decidiera la mayoría. Cuando se habla de unidad no se puede sólo hablar de ello, es necesario que la clase obrera con su práctica democrática, cuestionadora y participativa, vaya obligando como obligó en SIDOR, a sostener la unidad con el respeto del único camino acertado para tomar decisiones, el de mayorías y minorías.”
Más adelante en otro artículo de la misma revista Pérez Borges analiza la cuestión fundamental de la democracia en esta lucha desde el punto de vista de la democratización de las relaciones de producción:
“Por una propuesta de control y gestión democrática de los trabajadores”
“Si el gobierno le impone a los Sidoristas una gestión con la que ellos no estén de acuerdo y no se identifiquen, no solamente desanimarían la fuerza creativa que estos han empezado a desatar, sino que pudieran postrar a todo el movimiento de los trabajadores. Estos a nivel nacional e internacional han celebrado con júbilo este triunfo y lo consideran justamente suyo. Y lo primordial es que el hecho SIDOR los ha entusiasmado no sólo para salir a reclamar beneficios económicos y contractuales sino se le está metiendo en la cabeza la idea de que hay objetivos políticos mucho más estratégicos e importantes por los que luchar y conquistar, los cuales producirían cambios estructurales en sus condiciones de vida y trabajo y como ser social. ..
… Tampoco los sidoristas quieren repetir el mismo calco de gestión burocrática que se hace desde las empresas del aluminio en Guayana. Entonces no queda otro camino que inventar o errar.
Hay que ir a una empresa de un verdadero nuevo modelo de producción socialista, que acabe allí con la división del trabajo y sea ejemplo a seguir…
…La decisión para empezar debe ser, y si hay que conquistarla se habrá de conquistar, que los trabajadores y el gobierno administren la empresa pero que esté todo bajo el control democrático de los trabajadores.” (Comuna pensamiento crítico en la revolución, nº 1)
Esta lucha ha tenido mucho que ver con el relanzamiento del control obrero y de la participación democrática de los trabajadores. Fue la primera nacionalización en caliente arrancada con la pelea contra una transnacional que tenía amplia protección política nacional e internacional.
La conquista de los sidoristas les dio nuevos ánimos a los trabajadores del resto de las industrias Básicas, en especial las del aluminio, que ya tenían alguna experiencia en control y gestión obrera, y a los eléctricos que en pelea por su contrato colectivo único incorporaron como clausula primera del mismo el control y la gestión obrera.
También la crisis económica internacional ayudó a que se avanzará hacia esta perspectiva. La caída de los precios de las materias primas y del aluminio procesado y el acero y el hierro y el desmanejo capitalista de las empresas por partes de gerentes corruptos sin ningún compromiso con lo que están gerenciando, a diferencia del amor por las empresas que tienen los obreros y obreras, técnicos, ingenieros que buscan la mejores maneras de recuperar de las crisis esas empresas y pueden hacerlo. Planteó nuevamente para la acción la batalla para lograr la participación protagónica que les da el control y la gestión de los trabajadores y trabajadoras, en las empresas, formulación histórica de la estructura social de un régimen político y un gobierno de Democracia Obrera que se enrumba al socialismo.
Quedó un capital de experiencia acumulada durante la breve prueba en CVG ALCASA, y el impulso que le dieron esos trabajadores a la creación de la Universidad Bolivariana de Trabajadores “Jesús Rivero”, convirtiéndola además de uno de los lugares de formación y transformación de los saberes y también en bastión de elaboración teórica en la pelea por las transformaciones de las relaciones de producción capitalistas.
Así por ejemplo Elio Sayago, dirigente obrero en SIDOR antes de la privatización y luchador por la re-nacionalización de la acería, trabajador de ALCASA y hoy presidente electo por los trabajadores de esa empresa, además uno de los fundadores de la UBT “JR”, escribe en un ensayo sobre la necesidad de la transformación de las relaciones de producción y la importancia decisiva del protagonismo de los trabajadores y trabajadoras, lo siguiente:
“Lograr el protagonismo de los trabajadores implica, aprender haciendo lo nuevo, lo diferente, lo que garantizará la verdadera transformación….”
Para agregar luego.
“… la participación protagónica de los trabajadores, haciendo el ejercicio de corresponsabilidad en la gestión de las empresas del Estado, es el camino obligante para que la clase trabajadora logre los niveles de conciencia de si misma y asuma de manera corresponsable con el Estado, la verdadera transformación económica, política y social para que nuestro pueblo tenga, recordando a Simón Bolívar, la máxima suma de felicidad, todo ello, con impacto en las relaciones sociales de producción….” (Comuna, pensamiento crítico en la revolución, nº1).
En el mes de Abril de 2010 se instalan las mesas de trabajo en el sector eléctrico para enfrentar la crisis del sector y dar paso al cumplimiento de otro paso adelante en la participación protagónica de los trabajadores conquistada por la lucha. El 15 de mayo de este mismo año, se reimpulsa el Control Obrero en el conjunto de las Industrias Básicas de Guayana, eliminándose las presidencias burocráticas y las gerencias tecnocráticas para dar paso a la elección de las presidencias de todas ellas por parte de los trabajadores. Ha comenzado un nuevo capítulo en esta batalla por la democracia obrera, forma particular de participación protagónica de trabajadores y trabajadoras.
Esta experiencia no es de “colaboración de clases” como la habría denominado Trotsky para distinguirla del verdadero Control Obrero que es una expresión aguda de la lucha de clases dentro de la empresa que instala un doble poder siempre en tensión y pelea. Sino que está encabezada por un grupo de militantes bolivarianos, trabajadores, que desde hace años lucha, desde sus sindicatos como los Eléctricos o los de SIDOR, o desde centros de formación socio política y experimentos universitarios novedosos, que funcionan en los mismos establecimientos fabriles. Por eso mismo, porque no es de colaboración de clases estuvo, está y estará cruzada por una lucha de clases creciente contra los intereses de sectores privilegiados del capital internacional, tanto del interior como opositores del proceso revolucionario. Además de la burguesía el otro enemigo poderoso de este experimento es una burocracia que apuesta a la defensa de sus privilegios manteniendo al Estado Burgués y apoyándose en las viejas formas “democráticas” representativas y clientelares, combatiendo a las nuevas formas de participación y protagonismo obrero y popular. Participación y protagonismo que tienen un enorme papel que cumplir en la lucha por la transición hacia una sociedad nueva, socialista, con un verdadero régimen de democracia política, social y económica, la democracia obrera.
Conclusiones
En una presentación del Foro Social Temático, Boaventura de Souza Santos, presenta una ponencia sobre el tema democracia y trabajo. En un extracto de esa ponencia afirma:
“Corremos el riesgo de vivir en sociedades que son políticamente democráticas pero socialmente fascistas. ¿Cómo fue posible? Porque en los años 80, con la globalización neoliberal, terminó una tensión creativa que existía entre democracia y capitalismo. Esa tensión era creada por las siguientes ideas: primero, el trabajo era un motor de ciudadanía. Al inicio, el contrato social era muy excluyente pero los trabajadores lucharon para tener derechos y el trabajo era un motor de ciudadanía. Hoy en día, este motor se quedó dentro del marco de la sociedad y la economía nacional, y la economía globalizada ha hecho una cosa muy sencilla: el trabajo es un recurso global, pero no hay un mercado global de trabajo, entonces el trabajo dejó de ser un motor de ciudadanía.”
Esta cita no toma en cuenta una base del marxismo clásico. No existe un problema de ciudadanía sino de clases y sectores de clases, sin embargo lo importante de ella es que expresa a fondo la verdadera contradicción de esta época. Democracia Formal Burguesa, con sociedades estructuralmente fascistas. Por eso los regímenes políticos de los llamados países democráticos incluso los más “avanzados” son cada vez menos democráticos.
¿Cómo es posible enfrentar esta contradicción que se manifiesta diariamente?
El proceso de la Revolución Bolivariana es un proceso esencialmente Constituyente. Los diez años que transcurren desde el Caracazo hasta el triunfo de Chávez a la presidencia fueron cruzados por la consiga de la necesidad de una Asamblea Constituyente que, entre otras cuestiones, transformara el régimen político de la Cuarta Republica. Un régimen de Alternancia Bipartidista y de reparto de las cuotas de poder del Estado, para llevarlo a la formación de una nueva democracia no ya representativa sino participativa y protagónica.
A menos de un año de asumir el presidente Chávez cumple su promesa de campaña y convoca a la Asamblea Constituyente que concretaría aquella revolución democrática abierta en el Caracazo. Esta incorpora muchos de los institutos políticos más avanzados de la democracia formal, burguesa, como son la Asamblea Nacional de cámara única, el referéndum revocatorio, y la democracia protagónica y participativa ubicada esencialmente en el ámbito del territorio.
Pero con esta última incorporación abre al paso a la búsqueda de nuevas formas de participación, protagonismo y capacidad para decidir de los sectores más explotados y oprimidos de la sociedad. En realidad la nueva Constitución lleva al extremo las contradicciones de clase que se expresan también en la crisis y fragmentación de un Estado Burgués que sin ser hegemonizado por la burguesía tradicional y el imperialismo, busca un nuevo órgano de hegemonía y lo encuentra en la burocracia del gobierno.
Hubo que derrotar el golpe de Estado de abril de 2002 y el Paro Sabotaje Petrolero de 2002 – 2003, con una enorme participación de los sectores populares y de la clase obrera en su condición de parte del pueblo revolucionario, para que los trabajadores y trabajadoras se sacaran de encima el peso opresivo de la CTV (Central de Trabajadores de Venezuela) e iniciaran a dar pasos para la construcción de una nueva central obrera cuyo embrión es la UNETE, pero en ella también hay un debate para que esta vez sea cónsona con los objetivos del proceso revolucionario.
Pero los avances constitucionales, las contradicciones sociales agudas que desata y la lucha directa de calle entre revolución y contrarrevolución, el lanzamiento del Plan Simón Bolívar, etcétera, abrieron la puerta por donde empezó a entrar una de las manifestaciones democráticas más avanzadas, la democracia obrera expresada a través de la lucha por el Control y la Gestión Obreras de las empresas, como parte de un trípode de revoluciones en curso: la democrática, la antiimperialista y la socialista, aunque está última de manera “inconsciente”.
El desarrollo de esta experiencia llevará a la conclusión de que es necesario un régimen político esencialmente diferente del actual. Un régimen hegemonizado por los explotados y oprimidos que las democracias formales han dejado afuera del sistema en todos los sentidos. Un régimen que para imponerse debe apuntar a la transformación de la propiedad de los medios de producción, a la expropiación de los expropiadores para usar palabras de Marx. Debe apuntar a la transformación de las relaciones sociales de producción y al liquidación del viejo Estado Burgués para iniciar la construcción de un estado nuevo, de carácter transitorio, rumbo al socialismo, cuya clase hegemónica serán los trabajadores y trabajadoras acompañados por el pueblo marginado, los campesinos, las nacionalidades originarias, etcétera.
Y este no es un régimen que pueda imponerse por la colaboración de clases, o la seducción hacia el enemigo histórico del socialismo, la burguesía y el imperialismo, haciéndolos participes principales de la distribución de la renta petrolera, como lamentablemente se sigue insistiendo en probar desde el gobierno. Sino por el desarrollo de una amplia y prolongada lucha entre las clases desposeídas y los poseedores de los medios de producción que controlan aún hoy el Estado venezolano a través de la burocracia en el gobierno.
En ese sentido, al tiempo que se desarrolla una lucha de los trabajadores por controlar los medios de producción y transformar las relaciones sociales de producción, está creciendo la participación protagónica en el camino de la democracia obrera.
Mientras que el destino de las experiencias de Control Obrero que se están desarrollando dependen esencialmente de que sean parte de una lucha nacional contra el Estado Burgués, la burocracia gobernante y el capital. Esta perspectiva lleva a la previsión de duros enfrentamientos de clase.
Por eso la lucha de clases obliga a la defensa de la revolución y también a la preparación de la fuerza política consciente para que los avances en la estructura social se den en la superestructura política. Y no sólo fuerza política sino también militar. Y en ese sentido hay un avance democrático fundamental, las milicias populares. El pueblo en armas, en las fábricas, los fundos, los barrios, son los garantes, son, si se quiere uno de los pilares de defensa del proceso revolucionario. Asimismo son el pilar para que, en algún momento, se imponga el régimen político verdaderamente nuevo, el de la Democracia Obrera. La tarea de esas milicias será defenderlo. Defenderlo de los ataques del fascismo social que se esconde detrás de la máscara política de la vieja democracia formal o de las formas del fascismo que adquiere la dictadura del capital.
Por eso, más allá de las limitaciones, errores, debilidades y ataques internos por parte de la burocracia estatal, el Proceso de la Revolución Bolivariana ha dado los primeros pasos en la construcción de una nueva democracia de los oprimidos y explotados. Una nueva democracia que para triunfar en la fábrica, la empresa o el campo debe elevarse a la lucha por hegemonizar el poder político del Estado.
Caracas 15 de julio de 2010














robertcandanguero

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¿Qué hiciste? Que malo.....

Mensaje  Admin el Lun Mar 04, 2013 7:34 pm

¿De todo lo que acá COPIASTE, habrá alguna idea tuya?
No hiciste la tarea.
Debes insistir con algo tuyo.
Hazlo antes del miércoles 6-3-13.
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Gestión directa y democrática de la clase trabajadora en las empresas básicas

Mensaje  robertcandanguero el Mar Mar 19, 2013 6:40 pm

La participación de la clase obrera en nuestras empresas básicas es importantísima ya que la productividad en gran parte depende de la clase obrera, crear conciencia en los trabajadores el sentido de pertenencia, hacer entender que la empresa es patrimonio de todos y que depende de nosotros cuidarlo como si fuera nuestro segundo hogar. La clase trabajadora de nuestras industrias básicas debemos de dejar de vernos como unos empleado y entender que las empresas son de propiedad social y que debemos cuidar las instalaciones, impulsar la productividad, la ciencia y la investigación para mejoras en el desarrollo de los procesos. Vigilar que los productos de nuestras industrias son para el desarrollo de nuestro país y no que somos unos suministradores de materia prima a otros países, los cuales no dejan más que pobrezas con sus políticas sobre todo en los países del sur.

robertcandanguero

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Re: GESTION DIRECTA Y DEMOCRATICA DE LA CLASE TRABAJADORA EN LAS EMPRESAS BASICAS

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